Vuelvo a escribir en Camino para presentarles a una persona. Para aquellos que la conozcan, sabrán sin problema de quién se trata. Para el que no lo conozca, le recomiendo que lo haga cuanto antes.
Se trata de un hombre, complexión media y joven. Joven de edad, porque tiene la cabeza más amueblada que las instalaciones de Merkamueble. Solo con tener con él una palabra sabes que es valenciano de pura raza. Conocí al susodicho hace un par de años, en un curso que impartió en mi conservatorio a finales de año. No tuve mucha relación con él; dimos clase y me gustó, pero tampoco excesivamente. Era alguien diferente, con ideas nuevas y bastante simpático. Pero donde realmente tuve relación con él fue este verano. Se organizó un curso y yo me apunte fuera de plazo. Un enchufe. Llamé por teléfono y me trató genial. Así que allí me presenté, a finales de junio en un pueblo deshabitado. No sabía que me iba a cambiar tanto la visión de la vida y la manera de disfrutarla. Conocí a gente fantástica; geniales profesores, más que amigos y grandes compañeros. Pero siempre se puede dar más importancia a algunas personas y, entre ellas, está él. Cuando acabó el curso me di cuenta de que había cambiado mucho desde que lo conocí en Granada; estaba mucho más seguro de sí mismo, más animado. Vivía el mejor momento de su vida, que se ha prologando hasta ahora y se prolongará mucho tiempo. No hay nada que le preocupe, está totalmente satisfecho con su vida. Un tío abierto, con muchas inquietudes, divertido, sin miedo a la realidad... Ha encontrado el camino y ayuda a los demás a verlo. Además, tiene una pasión inconfundible, el trombón. Todos saben ya quién es mas yo no daré el nombre. Simplemente le agradezco todo lo que me ha enseñado, tanto musical como personalmente. Gracias por esta tarde, me has allanado mucho el camino, has quitado muchas piedras. Eres el mejor. Un abrazo fuerte, nos vemos muy pronto.
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