domingo, 27 de octubre de 2013

Sublime

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privadolos errores son colectivosy las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Castillos de España y otras vicisitudes

Y una vez más, el sueño tocó a su fin. El sueño de una nación de ser elogiada, valorada, reconocida mundialmente. El sábado, todo español volvió a la triste realidad nacional; un país que nadie valora, y que incluso es envidiado en lo único que destacamos, el deporte. Un deporte que se ha visto manchado por la estela de algún tramposo que quiso mejorar más de la cuenta, y que ha salido a flote más rápido que una balón hinchado en una piscina.  Y es que, pese a tener a los mejores deportistas mundiales en casi todas las especialidades, el dopaje resultó ser un punto negativo en la elección, teniendo más peso que fugas radiactivas que causan muertes en minutos en las inmediaciones de Fukushima.

Ya no se trata de los Juegos Olímpicos, ni del COI, ni de la madre que los parió a todos. Se trata de un país que pierde cada vez más y más seguidores en sus propias filas, donde la unidad está cada vez más  difuminada, un país en el que cada político es más ignorante que el anterior y, me perdonen los que sean honrados y cultivados, busquen lucrarse por encima de entregar su dedicación a mejorar nuestra imagen y situación. Aquellos que nos gobiernan y representan, son los más trápalas y poco formados, mientras que millones de personas con carreras universitarias de alto nivel están parados, sin esperanza alguna. Estafados, humillados por un sistema que les promete, si me lo permiten, "el oro y el moro", para luego darles con la cruda realidad en las narices.

Y cuando parece que algo va mejorando, que tenemos posibilidad en alguna cosa, nos enfundamos nuestros trajes de gala, la botas bien altas y la estrella de "sheriff" , y nos presentamos en Buenos Aires cantando victoria antes de que empiece el partido. En la primera votación, jaque-mate. No nos quieren ni austeros ni derrochadores, ni instalaciones hechas ni por hacer. Y es que esta España, desde que el mundo es mundo, siempre fue fanfarrona y siempre lo será.

Para colmo de males, entre discursos cum laude en inglés y batacazos y subidas de las "ovejitas" en la bolsa, el alcalde de no sé qué ciudad viene a darnos el penúltimo dolor de muelas. Su ciudad es incomparable, inmejorable, está al nivel del Reino de los Cielos. Pues, con todo el respeto muy señor mío, métasela donde le quepa.

sábado, 1 de junio de 2013

Sin duda, la mejor descripción del momento que vivimos. Grande don Arturo, grande

Por la noche, al llegar a casa, puse un rato la tele y me vi frente a la tercera situación: un par de ministros retorciendo de manera abyecta la lengua española, de la que parecían ignorar los más elementales recursos -ministros del Gobierno de España, insisto-, para enumerar, sin que se les notara mucho lo siniestro, nuevos expolios, exacciones y vilezas. Para justificar una vez más su incompetencia, sus medias verdades, sus promesas incumplidas, los embustes encadenados con que disimulan su parálisis unos gobernantes enrocados en los privilegios de su puerca casta, sin el menor ánimo de renovación o cambio real; una dictadura fiscal gobernada por una pantalla de plasma, cuya única baza para mantenerse en el poder es la que le regala, sin mérito y por la cara, la inexistencia de una oposición eficaz o al menos respetable; la mediocre estupidez de una clase política que en su mayor parte, sin distinción de siglas, es egoísta, inculta, grosera. Pero ojo. Todo eso lo es en sintonía con el ambiente general de esta España en la que trincan y medran. Con lo que pide la peña en este lugar indecoroso donde los policías tutean en los semáforos, los políticos ignoran la sintaxis, y los curas torpes, olvidando que sin distancia no hay mito que sobreviva, convierten los talentos en millones y las arcas de la parábola en bancos con cajero automático. Y en manos de unos y otros, en este infame compadreo que no pretende igualdad de oportunidades para que todos lleguen a donde merezcan llegar, sino rebajarlo todo al triste nivel de los más zafios y tarugos, nos vamos despacio, inexorablemente, a la mismísima mierda.    

martes, 19 de marzo de 2013

Cuánto menos, mejor.

Ser funcionario, hoy en día, está visto como una cosa común. Son considerados gente poco trabajadora, con gran sueldo y vacaciones. Esta opinión se acentúa en funcionarios del estado que trabajan en la administración, tales como Seguridad Social, Hacienda... Esa opinión se minimiza en sectores como educación o sanidad pero sigue persistiendo. 
En mi opinión, y debo confesarles que me encantaría ser profesor, son los docentes aquellos que trabajan a destajo y tienen poco reconocimiento. Sin embargo, retomo mi blog para referirme a una pequeña parte del colectivo de docentes, muy significativo, que enturbia la imagen y el estatus de los demás profesores que, como ya mencioné en alguno de mis otros escritos, son gente con muchísima implicación que se dejan la piel por sus alumnos y que se van a casa y no dejan de pensar en como innovar y mejorar el rendimiento de los mismos. En el otro extremo, tenemos "profesores" que no aportan nada, que no hacen mejorar a los alumnos en nada, es más, hacen que el alumnado salga de sus clases asqueados y con una idea clara: esa persona no tiene ni idea de lo que está tratando.
Curiosamente, la mayoría de estos "profesionales" cuentan con una oposición aprobada, lo que les hace intocables. Es casi imposible que una de estas personas pueda ser sancionada o despedida por hacer mal su trabajo.
Los alumnos de estos funcionarios están siendo estafados, engañados, y no pueden más que renegar de su profesor.
Es por eso, porque me veo envuelto en algún caso como éste, que se necesita buscar una solución a este problema.
¿Qué proponen? Espero su respuesta.