martes, 17 de julio de 2012
No es un día cualquiera
Como otro día en verano, te levantas y miras el calendario. Te marca 17 de julio, y puede que no te parezca nada importante, o que sí te lo parezca porque hayas quedado o porque esta noche juegue la selección española de baloncesto en Granada un amistoso, pero no, hay algo más allá. Algo que marcó el mundo, algo que marcó el trascurso de los siguientes 40 años, algo que marcó a mis abuelos y, con ellos, a todos sus descendientes y vecinos.
Un día como hoy hace 76 años comenzó algo de lo que cada día tenemos que estar arrepentidos, que llevó a la muerte y a la opresión a una gran cantidad de población española y que, además, es la causa de nuestro letargo en el desarrollo cultural y social. Un día para recordar. Un día, como digo, que nos tiene que hacer reflexionar sobre la estupidez humana, encarnada en este caso en nuestro propio país, en nuestras propias costumbres y raíces. De como la soberbia y el no consenso entre las distintas formas de ver la vida y la política provocaron miles de muertos, familias rotas, y sobre todo, que erradicó la libertad en todas sus facetas, desde libertad de pensamiento hasta de acto. Mañana volverá a ser un día importante, cuando llegó realmente la guerra a la Península, pero un 17 de julio, exactamente el de 1936, dio comienzo algo que no se puede volver a repetir; y éso, éso está en nuestra mano.
sábado, 7 de julio de 2012
Controles educativos exhaustivos y deliciosos...
Retomo mis reflexiones haciendo un alto en el camino en esta educación que tenemos, que puede ser tan buena como mala... En concreto me refiero a la indignación de una persona muy querida por mí, que cada vez que me lo cuenta, se irrita, y señores, se lo garantizo, con razón. Esta persona es docente, forma parte de los funcionarios de la Junta de Andalucía. Un profesor excelente. Cada día se mata a trabajar, no se toma descansos entre clase y clase, verdaderamente está entregado. Pero, la pregunta es, ¿a quién le importa éso? ¿A quién le importa que trabaje mañana y tarde, siempre pensando en ayudarnos y hacernos mejorar, sin importarle fiestas, fin de semanas y horarios? ¿Qué clase de profesor es capaz de echar más horas de las que cobra porque, realmente, le encanta su trabajo? Señores míos, yo se lo diré, un magnífico profesor. Pero a nadie en la santa Delegación Andaluza de Educación, con ese edificio tan bonito y magnífico que tienen al final de la Gran Vía, con su agente de Policía Nacional y todo, garantizando su seguridad (no sé cómo se las arreglarán en las demás comunidades autónomas) le importa eso. Nadie evalúa si trabaja bien o no, si llega tarde a sus clases o no, si lo da todo por sus alumnos, si se preocupa por ellos y por su nivel o es un simple funcionario más, de ésos que les encanta sonreír a sus alumnos y darles una palmada en la espalda, a la vez que con toda su boca llena "¡estás hecho un máquina!", cuando su "alumno" la ha pifiado pero bien, después de estar confiado y haber dejado de lado el estudio. Ésta es la realidad y como éste prototipo, como diría mi abuelo, a espuertas.
Sin embargo, nadie mueve un dedo. La función del temido inspector, que ronda tarde sí y otra también por los centros educativos es recoger un taco de folios muy bonitos, muy bien rellenos, con muy buena letra y si es posible, con alguna dedicatoria cariñosa. ¡Qué delicadeza, qué persona tan trabajadora! ¡Qué bonito está rellenar folios a lo loco, mientras después te pasas las tardes mano sobre mano haciendo pasar estudios sin ningún objetivo!. Qué rápido se terminan así los métodos, éso sí que es eficacia... Qué buen trabajo, enhorabuena.
Éste es el drama de la gente que le gusta trabajar y lo hace, que nadie reconoce su esfuerzo de entre la gran cantidad de vagos y paletos que hay ejerciendo... Pero bueno, mientras haya gente como mi profesor, y alumnos que le escuchen y abran los ojos, habrá algún rayo de esperanza entre tanta oscuridad e incultura. Gracias por todo, por tu nivel de exigencia, por lo claro que lo dices todo y por lo que luchas. Va por ti.
Sin embargo, nadie mueve un dedo. La función del temido inspector, que ronda tarde sí y otra también por los centros educativos es recoger un taco de folios muy bonitos, muy bien rellenos, con muy buena letra y si es posible, con alguna dedicatoria cariñosa. ¡Qué delicadeza, qué persona tan trabajadora! ¡Qué bonito está rellenar folios a lo loco, mientras después te pasas las tardes mano sobre mano haciendo pasar estudios sin ningún objetivo!. Qué rápido se terminan así los métodos, éso sí que es eficacia... Qué buen trabajo, enhorabuena.
Éste es el drama de la gente que le gusta trabajar y lo hace, que nadie reconoce su esfuerzo de entre la gran cantidad de vagos y paletos que hay ejerciendo... Pero bueno, mientras haya gente como mi profesor, y alumnos que le escuchen y abran los ojos, habrá algún rayo de esperanza entre tanta oscuridad e incultura. Gracias por todo, por tu nivel de exigencia, por lo claro que lo dices todo y por lo que luchas. Va por ti.
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